El silencio destruye las copas de vino tinto
cuando el ruido apacigua los gritos de los tontos
que rieron cuando te fuiste de los muebles patéticos
que lloraron cuando el trago se tragó las consciencias
que se pierden en los ocasos de las noches penquistas
y en el amanecer azulino del mar de la costa absurda
del corazón que lloró cuando viste la verdadera verdad
que es la que se libera de las gónadas de los hombres
ensuciando las manos de las mujeres amarradas
al pasado sexual de los padres traumados
que lloran por sus hijas putas
en sus pseudohogares
vírgenes
muertos
a ratos
cínicos
destrozados
cínicos
a ratos
muertos
que
destruyen
la sencillez
de la existencia